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Uno de nuestros proveedores de agricultura eco nos comentaba que lo que él hacía no era nada nuevo, de hecho, en su explotación utilizaban las mismas técnicas agrícolas que empleaban nuestros tatarabuelos: abono orgánico, control de las plagas de manera biológica, rotación de los cultivos, etc… todo ello para obtener una buena cosecha con los medios de que disponían. Después llegó la revolución de la agricultura: la mecanización y los eficaces abonos y plaguicidas que ofrecían las industrias químicas y que multiplicaron la producción. Y hoy se ha vuelto al cultivo tradicional para mantener la productividad del suelo sin provocar un deterioro del entorno.

Pero no por ello estamos retrocediendo en el tiempo. Se trata simplemente de recuperar algunas de las costumbres que se utilizaban hace años, con la intención de mejorar la salud del suelo donde cultivamos, de ser más respetuosos con las especies de nuestra ganadería, de preservar el ecosistema que envuelve las zonas agrarias y ganaderas y, en definitiva, de controlar y liberar de sustancias químicas los alimentos que vamos a consumir.

No podemos hablar de novedad entonces, pero si que es cierto que, en los últimos dos años, ha aumentado el consumo de este tipo de productos en nuestro país. En concreto, hemos aumentado en un 40% la demanda de productos ecológicos en España. Nos encontramos entre los 10 países del mundo que más productos ecológicos consume. Además también han crecido las hectáreas que destinamos a la producción orgánica. Ya contamos con más de dos millones de hectáreas destinadas a este fin.